HISTORIA TìTULO: NUESTRA PRIMERA VEZ 
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NUESTRA PRIMERA VEZ


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NUESTRA PRIMERA VEZ

by danyperez
Visto: 151 veces Comentarios 3 Date: 28-08-2021 Idioma: Language

Somos una pareja, hombre y mujer, que estamos juntos desde hace casi 20 años. Yo, Daniel (Dany), tengo 51 años, y mi esposa, Jorgelina (Jor), 42. Tanto el paso del tiempo, como ese quitapasiones por excelencia, que es la convivencia, hizo disminuir la frecuencia con la que cogíamos, no así la calidad de los polvos. Soy un tipo normal, hoy con algunos kilitos de más, que paso desapercibido para las mujeres, aquellas que conquisté, a lo largo de mi vida, fue siempre recurriendo a mi buen humor, caballerosidad y (modestia aparte) inteligencia. De lo que no tengo ninguna duda, es que la mejor de mis conquistas fue la que hoy es mi esposa. Jor, que con 43 años se mantiene tan atractiva como a los 23 años. Diría que incluso más, ya que habiendo compartido la cama con ella desde esa edad, puedo aseverar sin temor a equivocarme, que hoy hace algunas cosas con las que podría volver loco a cualquier hombre, mucho más que a sus 23 años. Se que soy subjetivo en esto, pero yo veo a Jor extremadamente bonita y sensual. Ella es morocha, hermosa de cara, muy lindas piernas, una excelente cola, al igual que sus tetas, y parece de una mujer 10 años menor, de hecho, nadie le da la edad que tiene. Es muy común que la gran mayoría de los hombres le dediquen una segunda mirada. Mis deseos de introducirme al mundo cuckold se originó cuando hace unos años, comencé a notar que me excitaba mucho que otros hombres miraran a mi esposa con ganas, situación que se da bastante seguido y yo hace un tiempo comencé a fomentar. Esto no es nuevo, ya de novios tenía un sequito de hombres, compañeros de trabajo, “amigos”, etc, que le andaban alrededor con evidentes ganas de cogérsela. Y así ella solo notara los más osados, los que le hacían propuestas, yo veía que eran muchos más de los que ella imaginaba. Pero recién ahora comprendí (y más importante reconocí) que me calienta mucho y siento un placer enorme con esa situación, que mi mujer sea deseada por otros hombres. Me excita de sobremanera que haga calentar a otros hombres. Siempre lo hizo de manera inconsciente (o eso creo). Pero hoy, habiendo asumido que ello me calienta mucho, quiero que lo haga adrede y delante mío, para que ambos podamos disfrutarlo, y por supuesto que el tercero también se deleite con la situación. Varias veces me pasó que sin saber que Jor era mi esposa, algunos hombres me dieron su opinión sobre lo bien que esta y las cosas que le harían si tuviesen oportunidad. Así fueron dándose las cosas, hasta que me di cuenta que en realidad mi fantasía es verla cogiendo con otro hombre. Jor es una hembra que siempre quiere más, y yo a esta altura, solo puedo darle una parte de lo que ella necesita. Claro que para que las cosas se den, el tercero que ocupará el rol de satisfacer a mi esposa, no podría ser un hombre cualquiera. En líneas generales debería tener entre 25 y 35 años, de muy buen trato para con nosotros (salvo que entráramos en el juego de las humillaciones, si es que lo hacíamos), muy reservado, de mucha confianza, culto, caballero, educado, con muchísima paciencia para este tipo de juego, y que se lo tome muy en serio sin faltarnos el respeto de ningún modo. Siendo, eso si, excluyente, que sea muy pero muy morboso y con una muy buena dotación que le haga conocer a mi esposa algo considerablemente más grande en comparación con lo que yo le doy. Es decir, para tamaños normales ya estoy yo. Obviamente también con un rendimiento y aguante superior al que yo puedo darle. Con todo eso y después de convencerme a mi, que es el bull que buscamos, le tiene que gustar a ella, al igual que sin duda, a él le tiene que gustar y calentar mi esposa. Yo tengo que estar presente en todo lo que se haga, así no participe. Varias veces me pregunté porque quería hacer esto? Y en realidad no lo se, no tengo una respuesta clara. Pero es algo que sin saber explicarlo, me excita muchísimo de solo pensarlo e imaginar todo lo que podríamos hacer otro hombre mi esposa y yo. Hacía tiempo que venía dándole vueltas al asunto y llegó un punto donde necesitaba probarlo. Tratar el tema con mi esposa, explicándole lo que sentía y quería concretar, no fue fácil, ni breve. Lo hice siempre respetando sus tiempos, incrementando la confianza en ella misma, que fuera teniendo cada vez más seguridad que mi propuesta era honesta, que no la estaba probando a ver que hacía, y después de hacer algo, iba a tener problemas con un esposo celoso por lo que pasó. Le dimos el tiempo que necesitó cada etapa, sin forzar nada, buscando que ella siempre se sintiese cómoda, así de llegar a consumarlo, y que ella lo disfrutara como estaba seguro iba a hacerlo yo, o aún más, de otra forma no serviría y no lo haríamos. Recorrimos un largo camino, siempre avanzando, lentamente, pero avanzando al fin. Conseguimos que mi esposa hiciese cosas que nunca pensé que haría. Jor se vestía y producía de una forma que me excitaba muchísimo para salir y coger en hoteles (telos) como cuando éramos novios. A diferencia de lo que siempre pensé, me permitió sacarle fotos semidesnuda y desnuda completamente, cuando se lo pedí. Pero no solo me lo permitió, sino que posaba bien sensual para esas fotos. Pude observar que realmente disfrutó (y aun disfruta cuando lo hacemos) posar en una actitud bien de estrella porno para mi. Inicialmente abordé el tema de probar “algo nuevo” cuando empezábamos a franelear y estábamos ambos bien calientes, aunque hablando solo de hacer un trío con otro hombre, no de entrar en el mundo cuckold y que se la coja un corneador. Noté que si bien ella no hacía comentarios, se mojaba mucho más rápido que lo corriente. Aclaro que normalmente se moja muy rápido cuando franeleamos. Así, se fue convirtiendo en algo normal que le hablase de cogerla junto con otro hombre. En realidad, no me disgustaría hacer un trío con otro hombre, pero mi mayor placer (a esa altura obsesión) era ver como otro macho, más joven, mejor dotado y con más resistencia que yo, se la cogía haciéndola gozar a fondo, como ella merece. Se me ocurrió también que para que fuese acostumbrándose a una verga que no fuese la mía, sería bueno conseguir un consolador. Cuando se lo hice saber, fue otra de las sorpresas que me llevé, me dijo que si rápidamente y aunque ella no lo reconozca, la excitó la idea. Escogimos juntos por internet uno de buen tamaño y al día de hoy es nuestro acompañante en esas salidas. Ella juega con él de una forma que nunca creí que lo haría. Siempre tuvimos un ida y vuelta que no se explicar muy bien, pero es algo más o menos así: ella se excita, yo me excito más, ella lo nota y sube su excitación, lo cual me hace calentar más a mi también, y así sucesivamente vamos entrando en un circulo virtuoso que va retroalimentándose permanentemente. Para ser más gráfico, yo la siento mojada a ella y me pongo al palo en el acto, a lo cual ella siente que se me pone dura y se moja más todavía. Si bien esto pasa siempre que juega con el consolador, creo que su calentura no solo pasa por el consolador en si, y como se masturba con él, sino por ver cómo me caliento yo mirándola. Con las fotos creo que pasa lo mismo. Ella lo que disfruta, no solo es posar para las fotos, sino lo que realmente la hace calentar es ver cómo me hace desesperar a mi. Estaba seguro que si cogía con otro hombre (un bull a nuestra medida), realmente iba a disfrutarlo tanto (o aún más) que yo. No solo por ser deseada, seducida y cogida por un semental más joven, dotado y potente, sino por verme volar de calentura mirándolos hacerlo. Si bien cuando intentaba llevarlo al plano de concretar algo, ella se cerraba, en la fantasía, cuando estábamos en la previa o mientras cogíamos, ella había comenzado a soltarse y me decía algunas cosas que representaban ese avance siempre para adelante que ya mencioné. Entre otras cosas me decía que le gustaría chupársela a otro hombre mientras yo me la estoy cogiendo, o que le gustaría ver cómo me calentaba yo mientras miraba como ella cogía con otro hombre. Pero todo eso no pasaba de una fantasía, ya que no fue fácil vencer todas esas trabas sociales y tabúes impuestos desde hace mucho tiempo, de un día para otro. Pero Jor iba soltándose, poco a poco, cada vez más al morbo que nos producía esas fantasías, lo que se notaba por los terribles polvos que nos echábamos cuando hablábamos del tema mientras cogíamos. Así las cosas se fueron dando hasta que llegó el gran día.

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