HISTORIA TìTULO: NUESTRA PRIMERA VEZ IV 
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NUESTRA PRIMERA VEZ IV


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NUESTRA PRIMERA VEZ IV

by danyperez
Visto: 47 veces Comentarios 0 Date: 28-08-2021 Idioma: Language

Al otro día a la mañana llamé por teléfono a Marcelo, para explicarle lo que habíamos acordado como mi esposa. Como esperaba me respondió que si, sin dudarlo un instante. También me dijo algunas cosas que me dejaron arrebatado:
— Tu esposa es una MILF terrible que me tiene recaliente, me la quiero coger como nunca se la cogieron y que vos, por ahora, solo te limites a ver bien todo lo que le hago. Después que rompa el hielo con ella, cuando repitamos te voy a pedir que hagas algunas cosas.
— Si la dama te autorizó eso, es muy probable que esta noche se concrete. Explicale que yo voy a estar muy caliente viéndolos y preguntale si le molesta que mientras uds. cogen, yo además de sacar fotos, saque mi pija y me la menee.
— Producímela bien porque esta noche, se te va a dar y vas a ver cómo me cojo a tu mujer. Trata de que se ponga algún vestidito lindo y con una tanga está bien. Dejemos portaligas y disfraces para más adelante. Le voy a subir el vestido y la primera me la voy a coger vestida porque se que eso te calienta.
— Cuando empieces a besarte con ella hacela calentar, ponela a punto, pero trata de no correrle el maquillaje, ni desarreglarla mucho, así me ves a mi como la voy desvistiendo de a poco y te la devuelvo con el maquillaje que le voy a hacer yo.
Jorgelina se puso un vestido negro que me recalienta y sabia iba a gustar a Marcelo. Se ató el pelo en una cola de caballo, que después Marcelo se encargaría de soltar, y tenía unos zapatos de taco alto que me volaban la cabeza. Así recibimos a Marcelo en el bar del hotel, donde todo fue muy breve, ni siquiera tomamos algo. Solo le pedimos a Marcelo su celular, mi esposa le entregó el de ella y le dijo que podía masturbarse mientras nos miraba (le había pedido a ella que se lo dijese para sumar más morbo). Subimos al ascensor y ya comencé a besar en la boca a mi mujer. Antes de llegar a nuestro piso, la di vuelta y, siempre vestidos, mientras le apoyaba mi verga en el culo besando su cuello desde atrás, la tomé de la cola de caballo asegurándome que mirara a la cara a Marcelo, mientras continuaba apoyándola, lo cual casi me hace acabar antes de llegar a la habitación. Entramos, Marcelo se acomodó en un sillón y yo continué franeleando con mi esposa de parados. Trataba de no frotarme contra ella, porque tenía la pija a punto de explotar. Puse a mi esposa de espaldas a Marcelo, subiéndole el vestido por atrás para acariciarle la cola y mostrarle a Marcelo el terrible culo de Jorgelina, que él solo había visto en fotos. Perdí la noción del tiempo, pero cuando pasé mi mano por debajo del vestido para tocar la tanga de mi esposa, la encontré empapada como nunca. En ese momento pude observar que Marcelo, sentado en el sillón, ya se había sacado la ropa y estaba con su terrible verga bien parada en la mano. Decidí que si iba a pasar algo, ese era el momento, con Jorgelina bien a punto. La di vuelta y sin dejar de apoyarle la cola con mi verga por sobre el pantalón y su vestido levantado, le dije al oído:
— Mira la terrible pija que tiene Marcelo. Esta así de parada por vos, mi amor. No te pido que hagamos nada, solo que nos acerquemos y se la mires de más cerca.
Jor se mordió el labio inferior con sus dientes, sorprendida de ver en vivo la pija que ya había visto en fotos. Le pedí:
— Arrodillate para verla desde más cerca.
Marcelo tenía su mástil agarrado con una mano, mientras muy lentamente hacia asomar y replegar la enorme cabeza de su pija. Mi esposa se había arrodillado delante de él y yo detrás. Al oído le dije:
— Acariciala un poquito a ver si se le para un poco más, si eso resulta posible.
Mi esposa ni siquiera lo pensó, cerro sus dos manos abrazando el tronco de Marcelo y lo meneo arriba y abajo lentamente, mientras lo miraba extasiada. Yo me replegué a una silla que había en un costado de ese living, y cuando me senté observe como Marcelo tomaba las manos de mi mujer, haciéndola poner de pie como él mismo estaba haciendo y comenzaba a besarla mientras frotaba contra el vestido de ella su pija bien parada. Aproveche para desvestirme y sentarme en el sillón, así veía toda la acción desde más cerca. Volví a perder la noción del tiempo mientras veía a mi mujer besando apasionadamente a un macho mucho más joven que ella, con un miembro enorme. Marcelo le estaba metiendo unos besos de lengua que me indicaban que los 2 estaban extasiados de calentura. Mientras le susurraba algunas cosas que si bien no llegaba a comprenderlas claramente, eran algo como:
— Sos hermosa. No puedo creer que tenga en mis manos semejante hembra. Me volves loco. Tus labios, tu carita, tus tetas, tu orto, sos una diosa.
Después de un rato, él le bajo la parte de adelante del vestido, liberando sus hermosas tetas de su encierro, y se inclinó para chupárselas. Lo hizo suave y metódicamente, haciendo que mi esposa comenzase a gimotear. Luego de chuparle las dos tetas sin dejar espacio por recorrer, incluyendo las aureolas de sus pezones que a estas alturas ya estaban muy parados, arrimó la silla donde yo había estado sentado y le dijo a mi esposa:
—Jor subí un pie a la silla.
De inmediato a que ella levantara su píe, le pasó su mano por debajo del vestido y le bajó la tanga totalmente mojada, hasta el pie con el que se apoyaba al piso. Ya se la había sacado del pie que había subido a la silla. La sostuvo levantando el píe con el que mi esposa se apoyaba en el piso, con un solo movimiento le sacó la tanga y me la tiró a la cara, sin decir palabra.
Mi pija estaba dura como nunca, y si bien no me la tocaba, comencé a temer irme en seco de la excitación que tenía. Marcelo mientras sostenía a mi esposa de la cintura, con un pie sobre la silla y el otro en el piso, se arrodilló frente a ella y comenzó a comerle la concha. Me encanta chuparle la argolla a mi esposa, pero siempre boca arriba, o ella en 4, nunca se lo había hecho como estaba haciéndoselo Marcelo. Jor comenzó con gemidos muy intensos, su mano en la cabeza de Marcelo hundiéndola en su argolla, no dejaba lugar dudas que estaba viviendo nuevas experiencias. Marcelo le hizo sostener el vestido y extendió su chupada hasta la cola de mi mujer. Abrió sus cachetes y disfrutó a fondo de su culo, moviendo la lengua suave en círculos, y después directamente en el interior de culo de mi mujer. Yo sentando en el sillón casi al lado, tenía una vista privilegiada. Luego volvió a trabajar sobre su concha. Los gemidos eran muy intensos y sabía que mi esposa estaba a punto de acabar. Marcelo también lo sintió y redobló la chupada de su argolla hasta que ella gimió como nunca la había oído gemir mientras estaba acabando. En ese momento, entre expresiones de placer, la escuché decir:
— ahhh… ahhh… si por favoooor!! Me matas!! Te quiero chupar la pija!!
Marcelo se irguió le hizo bajar el pie de la silla, le comió la boca desesperado y le dijo:
— quiero que te sientes en el sillón al lado de tu esposo, así ve bien como me vas a chupar la pija.
Pensé que cuando lo escucho me iba en seco. No puedo explicar la calentura que tenía en ese punto. Hasta pensé en salir del living para enfriarme, pero no podía perderme a mi mujer chupando ese pedazo de pija que tenía Marcelo.
Mi esposa se sentó a mi lado y él se paró justo frente a ella, con esa verga descomunal en la mano. Primero se la pasó por los labios, resistiendo la desesperación de mi esposa por metérsela en la boca. Le dijo para que yo escuche:
— no te apures, ya te voy a dejar que me la chupes. Pero antes vamos a prepararla. Escupile la cabeza y pasale la lengua desparramando la saliva. Después volvé a escupirla y pasale la lengua por todo el tronco, hasta los huevos, así la pones bien mojada como está tu concha.
Si yo me volví loco de lujuria, mi mujer le escupió esa enorme cabeza y con su lengua la pasaba como si estuviese saboreando un helado. En un momento intentó metérsela en la boca, mandándosela toda adentro, pero las arcadas que le vinieron hicieron que la sacase. Marcelo le dijo:
— no te apures, la mía no es la pija de tu marido que te la metes toda en la boca. Esta es más grande, y por ser la primera vez lo estás haciendo muy bien. Más adelante te voy a decir cómo hacer para comértela entera. Si queres comete solo la cabeza que hasta ahí te va a entrar en esa hermosa boquita que tenes.
Marcelo agarró su pija del tronco y se la pasó por la cara, cosa que mi esposa decía que no le gustaba, pero hoy con esta enorme verga estaba disfrutándolo en grande. Marcelo le decía cosas como:
— que bien la mamás. Hacía tiempo que no me chupaban tan bien la pija. Te gusta mi pija? Es más grande que la de tu esposo?
A cada frase mi esposa enloquecía más y más de calentura. Y yo no me quedaba atrás. Marcelo le pidió que le chupara los huevos y le puso la pija sobre la frente y cabeza de mi esposa. Entonces me miró y dijo:
— Imaginaste alguna vez a tu mujercita chupando una pija como la mía? Que linda hembra tenes. Hoy va a tener lo que ella merece.
Después que le chupó bien los huevos, él se agacho a besarla en la boca y cuando se irguió comenzó a pasarle su enorme pija empapada en la saliva de mi mujer por las tetas y los pezones. Jorgelina pareció volverse loca, se agarraba las tetas y las juntaba para que el se las golpeara con su pija. Fue entonces que me dijo:
— Acercate y sostenele las tetas juntas que se las voy a coger.
Así lo hice y vi como la cabeza de esa enorme pija se asomaba y escondía rítmicamente en la raya que formaban las tetas de mi esposa. Recién ahí pude notar que ella, todo este tiempo que jugaba con la brutal verga de Marcelo, estaba masturbándose desesperada. Marcelo había aumentado los embates entre sus tetas y cuando Jorgelina comenzó con gemidos de goce, que hicieron evidente que estaba acabando) sacó rápidamente su verga de entre las tetas de mi esposa. Tomándola con su mano, la sacudió y disparo un chorro de lecha sobre la cara y tetas de Jorgelina. Ella sin perder tiempo se llevó la cabeza de la pija de Marcelo a su boca, que seguía lanzando leche en abundancia. Claro que no pudo contenerla, esa tremenda pija estaba acabando raudales de semen que llenaron la boca de mi mujer, sin darle tiempo a tragar. La leche le corría por la comisura de sus labios. Marcelo la seguía sacudiendo, llenándole de leche la cara y hasta el pelo de mi esposa. Cuando dejo de salir leche se la arrimó a la boca de mi esposa, que ya había tragado la que tenía adentro, y ella con su lengua limpio a fondo no solo su cabeza, sino todo el tronco de su pija. Una vez totalmente limpia, con un “ya vuelvo” Marcelo salió del living. Mi esposa sin decir palabra, me besó en la boca con un beso de lengua memorable. No podía creer lo que estaba viviendo. No podía creer que mi esposa me estuviese besando con la boca donde hacia instantes un semental con una pija enorme le había echado toda su carga de leche. Las cosas estaban saliendo más que bien. Pero lo realmente bueno estaba por venir.

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